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Ibogaína en México: por qué famosos y veteranos buscan este tratamiento

La ibogaína, una sustancia psicoactiva no regulada, es utilizada en México por famosos y exmilitares para tratar adicciones y traumas, pese a sus riesgos.

Por Redacción1 min de lectura
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La sustancia psicoactiva se ofrece en clínicas mexicanas a personas de EEUU, pese a su prohibición, debido a su potencial en tratamientos contra adicciones y traumas.

La ibogaína, un alcaloide extraído de la raíz de una planta africana, ha despertado interés en diversos sectores de salud mental y recuperación en México, especialmente entre figuras públicas y exmilitares de Estados Unidos. Pese a estar prohibida en su país, clínicas en destinos turísticos mexicanos ofrecen terapias con esta sustancia, que promete aliviar dependencias y trastornos como el TEPT. La creciente demanda responde a testimonios y estudios preliminares que sugieren beneficios, aunque especialistas advierten sobre riesgos cardíacos graves asociados con su uso sin control médico.

Este fenómeno refleja una tendencia internacional por explorar terapias alternativas que, en algunos casos, abren caminos hacia la recuperación de adicciones o traumas severos. En particular, veteranos de guerra afectados por secuelas psicológicas encuentran en México una opción que, aunque controversial y no regulada oficialmente, les ha brindado esperanza. La ibogaína tiene un arraigo cultural en rituales espirituales africanos, pero en su uso terapéutico reciente, su potencial para transformar vidas se combina con peligros que exigen atención y regulación estricta.

Por otro lado, el mercado en México se ha convertido en un refugio para quienes buscan tratamientos no autorizados en otros países. La ausencia de regulación clara favorece la proliferación de clínicas que ofrecen sesiones prolongadas, a menudo a costos elevados, sin supervisión profesional adecuada. Mientras que algunos estudios indican tasas altas de éxito en la interrupción de dependencias, la comunidad científica insiste en que su uso conlleva riesgos cardiovasculares severos, como arritmias fatales, y requiere monitoreo minucioso.

Este contexto evidencia la complejidad de integrar terapias psicodélicas en sistemas de salud formales, garantizando seguridad y eficiencia. La creciente popularidad de estos tratamientos en México, impulsada por testimonios y un marco legal tolerante, plantea un desafío para las autoridades sanitarias, que deben equilibrar el derecho a explorar nuevas opciones terapéuticas con la protección de la ciudadanía.

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