La contienda presidencial en Honduras mantiene en tensión al país, con acusaciones de trampa electoral y un llamado de Estados Unidos a respetar los resultados.
El proceso electoral en Honduras ha generado controversia tras conocerse un empate técnico en la elección presidencial, lo que ha intensificado la incertidumbre política. La apretada diferencia entre los candidatos Nasry Asfura, respaldado por una corriente conservadora, y Salvador Nasralla, representante de una opción liberal, ha movilizado a distintos actores nacionales e internacionales. Los resultados preliminares muestran que el conteo se detuvo misteriosamente, en medio de una advertencia del gobierno de Estados Unidos, que exigió la reanudación del proceso y advirtió sobre posibles “consecuencias” si se alteran los resultados. La situación se complica aún más con las denuncias del oficialismo, que denuncia una “trampa” del bipartidismo y acusaciones de manipulación del sistema de transmisión de resultados y biometría. Además, la candidata del partido Libre, Rixi Moncada, mantiene una posición de rechazo a los candidatos de la oligarquía, alegando irregularidades y pidiendo una revisión exhaustiva de actas infladas. Las instituciones electorales hondureñas, por su parte, han señalado que la resolución definitiva tomará hasta 30 días, momento en el cual se confirmarían los resultados oficiales, en medio de una creciente polarización que refleja la reconfiguración del poder político en el país.
