La proliferación de cárteles y su impacto en la violencia del país, impulsada por la pérdida de liderazgos y disputas internas.
En las últimas dos décadas, el panorama del crimen organizado en México ha experimentado una transformación profunda, marcada por una explosión en el número de organizaciones vinculadas al narcotráfico y otras actividades ilícitas. Hace 25 años, en el año 2000, existían siete cárteles principales que dominaban las rutas del tráfico en diferentes regiones del país, incluyendo el Cártel de Sinaloa, el Cártel del Golfo y el Cártel de Juárez, entre otros. Sin embargo, durante este periodo la estructura de estos grupos comenzó a fragmentarse de manera acelerada, dando paso a la creación de más de 150 organizaciones medianas y pequeñas.
Este fenómeno se atribuye, en gran medida, a la estrategia gubernamental centrada en capturar o eliminar a los líderes de las organizaciones criminales. La desaparición de jefes y capos generó una crisis interna que llevó a disputas por el control y a la formación de nuevos grupos. La lucha por el liderazgo y la constante reorganización interna han contribuido a que las estructuras criminales se vuelvan más fragmentadas y dispersas, lo que a su vez ha complicado las tareas de las autoridades y ha incrementado la violencia en varias regiones del país.
Además, las dinámicas internas entre grupos, como el surgimiento de células independientes o la traición dentro de las organizaciones, han fomentado la aparición de facciones rivales. Ejemplos históricos, como la formación de Los Zetas a partir del Cártel del Golfo o Los Beltrán Leyva tras la captura de Alfredo Beltrán Leva, ilustran cómo las fracturas internas generan nuevos actores en el escenario delictivo. La fragmentación también ha sido favorecida por conflictos entre organizaciones que buscan consolidar su poder en áreas específicas, como ha ocurrido con el Cártel del Noreste, La Familia Michoacana y Guerreros Unidos.
El aumento en el número de cárteles coincide con el inicio y desarrollo de la estrategia militar contra el narcotráfico en 2006, bajo el lema de la “guerra contra el narcotráfico” durante el gobierno de Felipe Calderón. Estudios especializados señalan que este enfoque ha propiciado un incremento en las organizaciones más pequeñas y menos visibles, dificultando su detección y combate efectivo. La experiencia internacional y casos en México muestran que la fragmentación delictiva puede derivar en mayor violencia y mayor dificultad para las fuerzas del orden, dado que los grupos menores suelen ser más agresivos y menos controlados.
En ese contexto, entender la evolución del crimen organizado en México es clave para diseñar políticas públicas que aborden los orígenes y consecuencias de estas transformaciones, en aras de reducir la violencia y mejorar la seguridad ciudadana.
