Tras haber obtenido un Emmy Internacional y demostrar que es posible hacer humor inteligente sobre las minorías sin recurrir a la burla ni caer en la solemnidad, División Palermo regresa a Netflix con una segunda temporada que se presenta mucho más afilada, incómoda y, sobre todo, más política. La serie continúa consolidándose como un referente en la sátira social, explorando temas de inclusión y poder desde una perspectiva crítica y humorística.
Santiago Korovsky, creador, guionista, director y protagonista de la serie, afirmó sin rodeos que fue necesario subir la apuesta y llevar el humor, el drama y los personajes al límite. La intención fue profundizar en los giros de la trama, incorporar nuevos personajes, minorías y villanos, y desafiarse a sí mismos en ese proceso. Korovsky explicó que, para lograrlo, tuvieron que encontrar un equilibrio entre todos los personajes de la primera temporada, lo cual les llevó más de dos años de trabajo y reflexión. Prefirieron esperar a que todo estuviera bien hecho antes que apresurarse para lanzar la temporada, priorizando la calidad sobre la rapidez.
La segunda temporada de División Palermo llega en un momento en el que la inclusión dejó de ser solo una tendencia para convertirse en un asunto que trasciende la política y la sociedad. La serie aborda cómo lo que antes era una bandera electoral, representada por una patrulla diversa, ahora ha quedado fuera del discurso político, reflejando un cambio en el contexto social. Según Korovsky, la primera temporada culminó con la ministra presentando las elecciones, y en esta nueva etapa, la serie tiene que hacerse cargo de ese nuevo escenario. La guardia, que inicialmente parecía una iniciativa del partido político o el gobierno que quería mostrarse inclusivo, en realidad se convirtió en una estrategia de marketing vacía, destinada a aparentar cercanía con la ciudadanía.
El creador señala que el verdadero objetivo de esas acciones de marketing es dar la impresión de que las fuerzas de seguridad pueden ser como cualquier persona, incluyendo a las minorías, para proyectar una imagen de cercanía y diversidad. Sin embargo, esta estrategia ha cambiado con el tiempo, y ahora la inclusión ya no es una prioridad en el discurso político en muchos países, incluido el nuestro. La serie, desde su humor y crítica, refleja ese giro en la política, evidenciando cómo las acciones de las instituciones pueden ser simplemente una fachada.
Una de las características distintivas de División Palermo es que su humor no busca burlarse de las minorías vulnerables, sino que critica el uso cínico que hacen de ellas instituciones, gobiernos, funcionarios y la sociedad en general. Korovsky afirmó que la serie tiene una postura clara: evitar caer en la burla desde una superioridad o en la hipercorrección política que infantiliza. En ese sentido, Iván Davidovich, actor con parálisis cerebral que se comunica mediante una computadora, fue una de las voces que aportó a la serie, y él mismo manifestó que a veces sienten que los miran con admiración y lástima. La intención de la serie, explicó Santiago, es que las personas los vean con igualdad, y ese enfoque se refleja en un humor inclusivo.
Para lograr ese humor, la producción se acercó a las minorías, mantuvo diálogos con actores, fundaciones y una escritora usuaria de silla de ruedas, solicitándoles que compartieran experiencias y anécdotas reales. Uno de estos relatos, por ejemplo, narra cómo un actor de talla baja fue tocado por una señora que le frotó la cabeza y se frotó las manos, diciendo que eso traía suerte. La serie no solo muestra estas situaciones, sino que también las critica, incomoda y obliga a reflexionar sobre si los gestos de inclusión son efectivos en un mundo que presume de serlo, pero aún tiene un largo camino por recorrer.
El elenco de División Palermo no solo representa diversidad, sino que también la ejerce activamente en la pantalla. La serie combina actores con trayectorias sólidas, como Marcelo Subiotto, reconocido por su trabajo en El Eternauta, con personas que pisan un set por primera vez. Santiago explicó que muchas de las minorías que participan en la serie corresponden a las mismas minorías que las representan, como Iván Davidovich, que tiene parálisis cerebral y se comunica a través de una máquina. En esta temporada, además, se incorporó Lucas Poggi, un actor en silla de ruedas, una presencia poco frecuente en el panorama actoral argentino.
La labor del director de casting, Yair Zahir, fue fundamental para descubrir talentos sin experiencia pero con mucho que aportar, enriqueciendo así el elenco.
El desafío principal fue lograr un lenguaje común y crear una patrulla diversa que funcionara auténticamente, algo que requería entender cómo comunicarse con cada uno de los actores, agregó Santiago. Más allá del humor y la crítica, División Palermo también rinde homenaje al trabajo en equipo, tanto dentro como fuera de la ficción. El creador comentó que, aunque venía del mundo de las redes sociales, donde solía hacer todo solo, esta serie le obligó a delegar, confiar y construir comunidad. Para él, esa unión es parte esencial de la historia: “el que grupo salva”.
Finalmente, invitó a los espectadores a apoyar la serie con doble pulgar o diciendo que les encanta, para que el algoritmo ayude a que llegue a más personas.
La serie continúa siendo un ejemplo de cómo el humor puede servir para cuestionar el poder y las instituciones, manteniendo un enfoque inclusivo y crítico. La segunda temporada de División Palermo llega con un mensaje claro: la sátira más política, sin filtros y con una mirada más profunda en temas sociales y de poder, consolidándose como una propuesta que desafía las convenciones y busca un cambio en la percepción social y política.
