La proliferación de arbovirus en varias provincias, agravada por crisis económica y deficiencias en salud pública, ha provocado una fatalidad sin precedentes en la isla.
La situación sanitaria en Cuba ha alcanzado niveles críticos tras confirmar más de 30 fallecimientos relacionados con enfermedades transmitidas por arbovirus. En las últimas semanas, las autoridades de salud reportaron oficialmente 33 muertes, de las cuales 12 corresponden a casos de dengue y 21 a chikunguña, incluyendo un importante porcentaje de menores de edad. La expansión de estas enfermedades ha sido acelerada por un brote que inició en julio en la provincia de Matanzas y que actualmente afecta a las 15 provincias del país, en un contexto de creciente dificultad social y económica.
El aumento en los casos graves ha sido menor en comparación con semanas anteriores, pero las autoridades reconocen que las condiciones estructurales aún favorecen la propagación del mosquito transmisor. Problemas acumulados como la basura descontrolada, deficiencias en higiene pública, escasez de agua potable y recursos limitados en hospitales dificultan las labores de prevención y control. La crisis económica de Cuba, que se encuentra en su peor momento en 30 años, ha frenado los programas de fumigación y reduce la eficiencia de campañas sanitarias vitales para contener la epidemia. La llegada de la chikunguña representa un nuevo reto para un sistema de salud ya sobrecargado por los recortes y la deteriorada infraestructura.
Este brote demuestra cómo las dificultades sociales y económicas pueden acelerar la propagación de enfermedades infecciosas, poniendo en jaque la capacidad de respuesta del sistema sanitario cubano, que enfrenta el desafío de contener un brote que ya ha cobrado varias vidas.
