La tensión entre Holanda y China por control y operación de la firma amenaza la cadena de suministro automotriz mundial, afectando a México y otras regiones. La reciente escalada en el conflicto corporativo y político en torno a Nexperia, una destacada compañía de semiconductores con sede en Nimega, Países Bajos, ha puesto en jaque la estabilidad de la industria automotriz global. La empresa, que surgió de la escisión de Philips en 2006 y fue adquirida en 2018 por la firma china Wingtech Technology, ha vista cómo sus operaciones en China comenzaron a actuar de manera independiente, desafiando las directrices establecidas por su matriz europea y generando una crisis de gobernanza. Este enfrentamiento se inició cuando el gobierno neerlandés tomó el control de Nexperia en septiembre pasado, sospechando transferencias ilícitas de propiedad intelectual hacia China. En respuesta, las autoridades chinas bloquearon exportaciones desde su planta en ese país, además de suspender envíos de wafers a una de sus plantas en territorio chino. Estas acciones provocaron una tensión que amenaza con desabastecer componentes esenciales para fabricantes de autos en todo el mundo, incluyendo marcas como Mercedes-Benz, Nissan, Volkswagen y Volvo. En México, empresas automotrices como Honda, General Motors y Ford consideran ya posibles paros técnicos y ajustes en inventarios ante la incertidumbre. La mayoría de estas firmas, que antes operaban con inventarios just in time, han disminuido sus stock ante las amenazas crecientes de interrupciones. La crisis se agravó cuando la planta china de Nexperia comenzó a operar de manera autónoma y a comercializar productos bajo la misma marca, dejando en evidencia una desintegración de las estructuras de gobernanza corporativa. Sin embargo, en noviembre, China levantó parcialmente las restricciones de exportación, lo que alivió por momentoes las preocupaciones del sector automotor global. Este episodio evidencia cómo las disputas político-comerciales p
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