La incorporación del Fujian, equipado con catapultas electromagnéticas, marca un avance clave en la presencia militar de Pekín en el Indico y la región Asia-Pacífico, impactando la seguridad de Taiwán.
China ha puesto en servicio un nuevo portaaviones equipado con tecnología de propulsión y lanzamiento de última generación, consolidando su posición marítima y militar en la región Asia-Pacífico. El Fujian, con un desplazamiento de 80,000 toneladas, cuenta con catapultas electromagnéticas que permiten el lanzamiento de aeronaves más pesadas y en mayor cantidad, incluyendo modelos de alerta temprana y cazas furtivos. Este avance refleja una estrategia a largo plazo para ampliar la capacidad operativa del mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán, colocando a Pekín en una posición más competitiva frente a Estados Unidos, que aún domina en número de portaaviones nucleares.
La modernización de esta fuerza naval ha sido una decisión personal del liderazgo chino, con Xi Jinping impulsando una fuerza militar de alcance global para 2049. El portaaviones trabaja en conjunto con destructores y cruceros armados con misiles hipersónicos, además de dorsalmente integrar plataformas aéreas como el caza J-35 y versiones mejoradas del J-15, transformándose en un centro de mando flotante. Aunque Estados Unidos mantiene la superioridad en el ámbito naval global, China enfoca sus recursos en fortalecer su presencia regional, lo que genera nuevas dinámicas de seguridad en la zona.
Para Taiwán, el Fujian representa una amenaza concreta, pues ahora puede operar más allá de las costas chinas, intensificando la presión militar y la posibilidad de bloqueos en caso de conflictos. Analistas militares advierten que este desarrollo facilita operaciones militares en el estrecho y aumenta la probabilidad de que Beijing considere una acción militar sobre la isla en los próximos años, en línea con los objetivos estratégicos de Xi Jinping.
Más allá del impacto inmediato, la incorporación del Fujian evidencia un avance acelerado: China ha logrado en apenas 13 años pasar de no tener portaaviones a disponer de tres y avanzar en el desarrollo de un cuarto, posiblemente con propulsión nuclear. Estos pasos sitúan a Pekín cada vez más cerca de alcanzar, en el corto plazo, una igualdad operacional con Estados Unidos, perfilando un cambio en el equilibrio marítimo regional.
