El exlíder del Cártel de Sinaloa describe su deterioro físico y mental causado por el confinamiento en una cárcel de alta seguridad en Colorado.
Recientemente se hicieron públicas cartas del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, conocido como El Chapo, enviadas desde su reclusión en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos. En estos escritos, el capo mexicano denuncia un severo deterioro psicológico y físico provocado por su aislamiento y las condiciones de su confinamiento. Entre sus principales reclamos se encuentra la privación de actividades educativas, la falta de interacción social y un sistema de tratamiento en su celda que, según afirma, incluye la liberación de gases calientes durante la noche, causando síntomas como palpitaciones, dolor corporal y aumento de la presión arterial.
Este tipo de condiciones en prisiones de alta seguridad han generado preocupación en organismos de derechos humanos y en familiares de presos, pues algunos especialistas consideran que el aislamiento prolongado puede derivar en graves daños mentales y físicos, incluso aumentar el riesgo de infartos. Guzmán Loera también relata que su salud se ha visto afectada por depresión, pérdida de memoria y una alergia crónica sin atención médica adecuada, lo que incrementa su aislamiento y sufrimiento.
A nivel histórico, la prisión en la que actualmente se encuentra Guzmán Loera ha sido objeto de controversia, ya que su estrategia de máxima seguridad busca impedir cualquier intento de fuga o contacto ilícito, pero al mismo tiempo ha generado críticas por las condiciones a las que están sometidos algunos internos. La existencia de estas cartas ha recalcado las dificultades que enfrentan algunos reclusos en el sistema penitenciario estadounidense, así como la importancia de equilibrar la seguridad con los derechos humanos. Además, Guzmán padece la pérdida de comunicación con sus seres queridos y solicita poder conversar con sus hijas gemelas o su hermana, para mantener su salud mental y evitar un deterioro irreversible.
