La operación estadounidense marca un giro en la crisis venezolana, con figuras como Jorge Rodríguez y el círculo militar definiendo la transición.
Caracas, Venezuela. La captura y traslado del expresidente Nicolás Maduro a Nueva York por parte de Estados Unidos el pasado 3 de enero, en el marco de la Operación Martillo, ha reconfigurado el panorama político venezolano y la relación bilateral. Mientras Maduro enfrenta cargos por narcoterrorismo, en Caracas se observa una “calma tensa” con el poder transitando hacia nuevas figuras bajo la supervisión de la administración de Donald Trump.
La estrategia estadounidense, denominada “Doctrina Donroe”, busca la estabilidad y la apertura petrolera, y para ello analiza a los personajes clave que hoy sostienen el control en Venezuela. La caída de Maduro no ha significado el fin del chavismo, sino una reacomodación en torno a figuras leales que han demostrado su capacidad de operación política y de control institucional.
Delcy Rodríguez, investida como presidenta interina tras la extracción de Maduro, se consolida como la interlocutora principal ante la Casa Blanca. La exvicepresidenta ejecutiva, hija del guerrillero Jorge Antonio Rodríguez, ha mediado entre el régimen, élites económicas y actores internacionales. Desde Washington, se la considera una opción “funcional” para negociar estabilidad y facilitar una transición política controlada, condicionada a la disposición de permitir el ingreso de petroleras estadounidenses.
El “cerebro” político del chavismo es Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y actual presidente de la Asamblea Nacional. Histórico negociador entre Caracas y Washington, su control sobre el poder legislativo y el Consejo Nacional Electoral (CNE) lo posicionan como una figura fundamental para cualquier proceso de transición o eventuales elecciones. Su papel es crucial para mantener la cohesión interna del oficialismo en un momento de fragilidad institucional.
El poder coercitivo del chavismo recae en el círculo militar, representado por Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. Ambos controlan los aparatos de inteligencia, seguridad y las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB). Cabello, ministro del Interior, es el rostro del ala más radical y enfrenta cargos en Estados Unidos por narcotráfico, con una recompensa de 25 millones de dólares por su captura. Analistas advierten sobre el riesgo de una fractura en el chavismo, con Cabello potencialmente buscando desplazar a Rodríguez. Por su parte, Padrino López, ministro de Defensa desde 2014, garantiza la lealtad de la FANB y, aunque ha jurado lealtad al interinato de Rodríguez, también enfrenta cargos federales en EE.UU., representando un obstáculo para la normalización de relaciones.
En el lado estadounidense, la ofensiva contra Maduro está liderada por el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio. La estrategia se enfoca en la estabilización del país y la resolución del tema energético, promoviendo un rol central del sector privado, especialmente la industria petrolera, en la reconstrucción venezolana. La administración Trump no descarta una gestión provisional de Venezuela a través de la influencia económica, reviviendo una versión moderna de la Doctrina Monroe.
La actual coyuntura en Venezuela se enmarca en un contexto de profundas crisis económicas y políticas que han afectado al país durante años. La caída de Nicolás Maduro, si bien no elimina el chavismo, abre un escenario de renegociación interna y externa para el país sudamericano. La influencia de Estados Unidos, manifestada a través de sanciones y operaciones militares, busca catalizar un cambio que beneficie sus intereses estratégicos, particularmente en el sector energético y la estabilidad regional. La figura de Delcy Rodríguez emerge como un punto focal en esta transición, su capacidad para navegar las presiones internas y externas será determinante para el futuro de Venezuela.
