La modificación constitucional, aprobada por mayoría, consolida un régimen de gobierno sin contrapesos institucionales y avanza hacia un modelo autoritario.
El Congreso de El Salvador ha aprobado una profunda reforma constitucional que permite la reelección presidencial indefinida, consolidando un camino hacia una mayor concentración de poder en el país centroamericano. La modificación, respaldada por una mayoría absoluta, elimina la segunda vuelta electoral y extiende los mandatos de cuatro a seis años, además de ajustar las fechas de las próximas elecciones para facilitar la reelección del mandatario en 2027. En caso de ganar en esa elección, el presidente podría gobernar hasta 2033, totalizando 15 años en el poder, en una dinámica similar a la de otros regímenes autoritarios en la región. La iniciativa refleja una tendencia marcada por el jefe de Estado, quien ya había conseguido modificar por la vía judicial la Constitución para postularse a un segundo mandato en 2024. Esta acción ha sido acompañada por una serie de cambios en instituciones clave, como el control del Poder Judicial, y políticas que redujeron los poderes del Congreso y el Ministerio Público. La consolidación de un sistema sin controles y equilibrios, además del debilitamiento del Estado de Derecho, genera preocupación internacional y evidencia un giro autoritario en la gestión de Bukele, cuya popularidad se sustenta en medidas enérgicas contra las pandillas y en una estrategia de liderazgo que se asemeja a modelos monárquicos. La aprobación de esta reforma también ha sido criticada por organismos de derechos humanos y actores políticos internacionales, que advierten sobre el riesgo para la democracia en El Salvador.
