La prolongada búsqueda de trabajo y la creación de empleos menor a lo esperado afectan la economía estadounidense, en un contexto de desaceleración.
En Estados Unidos, la población desempleada que lleva más de 27 semanas buscando empleo alcanzó los 1.8 millones, el nivel más alto desde 2017, excluyendo los efectos de la pandemia de COVID-19. La duración media de la búsqueda laboral se incrementó de 9.5 a 10.2 semanas en julio, reflejando una tendencia de estancamiento en un mercado en desaceleración. Este incremento en el tiempo para conseguir un empleo complica la recuperación económica y evidencia un mercado laboral que muestra cierta fragilidad.
Mientras tanto, el mercado laboral continúa generando nuevos puestos, aunque en menor cantidad a lo estimado. En julio, se añadieron aproximadamente 73 mil nuevos empleos, por debajo de las expectativas de cerca de 110 mil. Sectores como salud y asistencia social lideraron las contrataciones, en contraste con la pérdida sostenida de empleos en el sector federal, que ha reducido su plantilla en más de 84 mil posiciones desde principios de año. La tasa de desempleo se situó en 4.2% en julio, recuperándose ligeramente a 4.1% en septiembre, en un contexto de incremento en la migración y participación laboral restringida, que bajó a su nivel más bajo desde finales de 2022.
Factores como la inflación y la política monetaria son considerados por la Reserva Federal para ajustar su estrategia. Actualmente, la tasa de interés se mantiene en 4.25-4.5%, en medio de debates internos sobre posibles recortes, pero con una economía que presenta signos de desaceleración, especialmente en ciertos grupos demográficos como los adolescentes, cuyo desempleo supera el 15%. Estas cifras reflejan un entorno laboral complejo, donde la creación de empleos continúa, pero la prolongación de la búsqueda laboral se vuelve un desafío creciente para la economía estadounidense.
