Ciudad de México. – El senador Higinio Martínez ha realizado un ajuste estratégico en su postura política, demostrando una comprensión profunda de la dinámica del poder y la importancia de la unidad para el futuro de Morena, particularmente de cara a las elecciones de 2027. Este movimiento, lejos de ser una señal de debilidad, es interpretado como una muestra de inteligencia política y pragmatismo.
Martínez Miranda ha comprendido que la influencia política no se ejerce desde la soledad, sino desde la inserción y la negociación dentro del bloque que detenta el poder. Su reciente cambio de tono y de estrategia se alinea con la idea de que la política real comienza donde existen diferencias y tensiones, y que la tarea fundamental es procesar estas discrepancias sin romper el proyecto común.
La política, según se desprende de este nuevo enfoque, no se trata de convivir con los iguales, sino de acordar con quienes piensan distinto. En el contexto del Estado de México, donde el poder tiene un centro de gravedad bien definido, la confrontación pública constante puede ser perjudicial. En cambio, el acuerdo, incluso entre posiciones divergentes, se presenta como una señal de madurez y responsabilidad.
Este reacomodo estratégico tiene implicaciones claras para el futuro político, especialmente de cara a 2027. La unidad que se busca no es unanimidad ni un borrón de las historias pasadas, sino un orden político calculado. Se argumenta que si Morena llega a la próxima contienda electoral con sus diferencias administradas, sin liderazgos que busquen la ruptura y con un proyecto coherente, el escenario electoral será favorable. Esto se basaría no en la épica, sino en el control territorial, la estructura y el gobierno en funciones.
Paralelamente, se subraya la importancia de la capacidad de integración por parte de la actual administración estatal, encabezada por Delfina Gómez y Horacio Duarte. Su apertura, tolerancia y disposición a escuchar los ajustes internos reflejan una visión de largo plazo. Escuchar y procesar diferencias fortalece la estabilidad y da continuidad al proyecto de transformación.
La consecuencia de esta cohesión interna y pragmatismo político resulta incómoda para la oposición tradicional, como el PRI y el PAN, quienes parecían apostar por una fractura en las filas de Morena. De no ocurrir esta esperada ruptura, la oposición podría encontrarse en una posición desfavorable, observando cómo el oficialismo, cohesionado y con liderazgos alineados, consolida su ventaja para 2027.
