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Hidalgo

Cultivan alcatraces en El Arenal para honrar tradición familiar

Conoce la historia de David, quien cultiva alcatraces en El Arenal, Hidalgo, heredando una tradición familiar y transformándola en una fuente de ingresos local.

Por Redacción2 min de lectura
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Un hombre transforma un terreno heredado en un próspero cultivo floral que combina historia, naturaleza y oportunidades de negocio en la región.

En la región de El Arenal, Hidalgo, la tradición familiar y el interés por la flora se entrelazan en un proyecto que respeta raíces y aporta valor local. Hace una década, David Escamilla inició el cultivo de alcatraces en un terreno que su familia heredó, específicamente en la zona conocida como Los Frailes, en la montaña de El Arenal. La plantación, que surgió tras la historia contada por sus ancestros, ha pasado de ser un simple acto de embellecimiento a una fuente de ingresos y orgullo comunitario.

El proceso comenzó en un terreno que, gracias a su orografía y a las condiciones de lluvia en la zona, favoreció la siembra sin necesidad de sistemas de riego adicionales. La historia personal de David se enriqueció cuando su padre recibió una planta de su propia madre, la abuela de David, marcando un vínculo emocional y cultural que trasladó a su proyecto actual. Lo que en un principio buscaba decorar y mostrar su propiedad, rápidamente captó la atención de vecinos que solicitaban flores para decorar sus hogares, impulsando así la venta de alcatraces en los mercados locales.

Las condiciones climáticas han sido favorables en años recientes, con lluvias que, pese a causar inundaciones en varias localidades del estado, beneficiaron la producción floral en su terreno. David recuerda que en años anteriores la sequía afectó sus cultivos y hasta tuvo que vender ganado debido a la escasez de recursos para sustentar ambas actividades. La persistencia y el trabajo constante en el cuidado de las plantas, que incluyen limpieza, protección frente a plagas y mantenimiento de la tierra, han permitido que su cultivo florezca de manera rentable.

Este esfuerzo de más de diez años requiere una inversión significativa en labores agrícolas y en el manejo adecuado de los bulbos de alcatrác, que se siembran a cielo abierto. La planta, resistente a diferentes condiciones climáticas, es sembrada en tierra preparada con compost y se cuida para garantizar una floración saludable. El resultado es un producto que se comercializa en diversos tianguis, con precios accesibles y ante una demanda creciente tanto en mercados locales como en otros municipios del Valle del Mezquital.

La historia de David no solo refleja la importancia de preservar tradiciones agrícolas, sino también muestra cómo una pasión por la naturaleza y el esfuerzo constante pueden transformarse en una oportunidad económica sustentable. El cultivo de alcatraces, además de ser un símbolo de cultura y belleza, se convierte en una forma de mantener vivas las raíces familiares y fortalecer comunidades en la región.

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