La Comisión Federal de Electricidad contempla inversiones estratégicas para ampliar su capacidad de generación y fortalecer el papel del Estado en el sector energético mexicano.
En un paso decisivo hacia la consolidación de su control sobre la generación eléctrica, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) anunció planes para ampliar en aproximadamente 6,000 megavatios (MW) su capacidad instalada a partir de 2026. De estos, más de la mitad, el 54%, será generada por la propia estatal, consolidando su participación en la matriz energética del país en un contexto de mayor orden y planificación.
Este incremento responde a una estrategia que prioriza la reactivación de capacidades tradicionales y la incorporación de fuentes renovables, fortaleciendo el sistema eléctrico nacional y garantizando el suministro para el futuro. La inversión prevista supera los 80 mil millones de pesos, con múltiples proyectos en diferentes regiones del país. Entre ellos, destaca la construcción de nuevas centrales en Hidalgo, Guanajuato, Tamaulipas y Sinaloa, destinadas a sustituir infraestructura antigua y aumentar la eficiencia energética.
Es importante contextualizar estos movimientos en el marco de la historia energética mexicana. Desde las reformas de los años 90 y 2013, el sector ha sufrido cambios que han abierto espacios para la participación privada, pero también han debilitado la capacidad de generación de la CFE. La actual administración busca revertir estas tendencias, reforzando la presencia estatal y asegurando una matriz más equilibrada y sustentable.
Además, el proyecto de ampliación incluye una reevaluación de algunas instalaciones, como la Central de Combustión Interna en Los Cabos, ante las condiciones de mercado, buscando optimizar resultados y garantizar el cumplimiento de los planes a largo plazo. La decisión refleja un compromiso por mantener una infraestructura robusta para responder a las demandas energéticas del país en un contexto de transición energética global.
Este impulso en la generación eléctrica llega en un momento donde la estrategia energética mexicana busca equilibrar sostenibilidad, seguridad y participación estatal, en un escenario marcado por la necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles y fomentar las energías renovables.
El papel de la CFE en este esquema reafirma su papel central en el desarrollo energético de México, en un entorno donde la planificación y la inversión son fundamentales para asegurar la soberanía energética y el crecimiento económico del país.
