La construcción del Tren Maya ha provocado deforestación, división social y aumento de violencia en la región de Quintana Roo y Campeche, alertan organizaciones.
La ejecución del proyecto ferroviario conocido como el Tren Maya ha generado un impacto profundo en los ecosistemas y comunidades de la península de Yucatán. La acción ha resultado en la pérdida de aproximadamente 11,500 hectáreas de bosque y la tala de más de 20 millones de árboles, afectando ecosistemas únicos como manglares, cenotes y selvas tropicales. Además, en los tramos 5, 6 y 7, responsables directamente de la Secretaría de la Defensa Nacional, se han afectado más de 130 cenotes y cavernas, y se han puesto en riesgo acuíferos por la instalación de miles de pilotes de acero que, al corroerse, contaminan el agua dulce y alteran su salinidad.
El proyecto ha generado división social, ya que las comunidades afectadas han sido movilizadas y criminalizadas, en algunos casos sin contar con consultas genuinas o información suficiente. La oposición legal ha enfrentado obstáculos, y aunque existen órdenes de suspensión de obras, estas no han sido cumplidas, evidenciando una gestión que prioriza los plazos por encima de la protección ambiental y social. En paralelo, se ha incrementado la presencia militar en zonas públicas y privadas, lo que ha derivado en mayores niveles de violencia, restricción de acceso y vulneración de derechos humanos.
Este contexto se enmarca en un megaproyecto que inició en 2020 como parte de la estrategia de infraestructura de la actual administración federal. La región, reconocida por su biodiversidad y ecosistemas, ha sufrido impactos significativos por la apertura de bancos de materiales y desarrollos inmobiliarios, poniendo en riesgo recursos hídricos y especies endémicas. La situación revela una problemática compleja en la que el desarrollo económico confronta la conservación ambiental y la protección de comunidades vulnerables.
