Las operaciones recientes en seguridad han logrado la captura de líderes de La Barredora y desarticulación del huachicol fiscal, marcando un avance en la lucha contra el crimen organizado heredada anteriormente. A partir del inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, las autoridades mexicanas han intensificado los esfuerzos para desmantelar organizaciones criminales que operaron durante administraciones pasadas. Dos de las principales estructuras que enfrentan ahora el Estado son La Barredora, una agrupación delictiva con fuerte presencia en Tabasco, y la red de contrabando de combustibles conocida como huachicol fiscal. Estas redes crecieron en influencia y poder en los últimos años, facilitadas en parte por vínculos políticos y estructuras oficiales que ahora son objeto de investigaciones y operativos. La caída del líder de La Barredora, Hernán Bermúdez Requena, conocido como “El Comandante H”, representó un golpe significativo. Bermúdez, exsecretario de Seguridad en Tabasco, aprovechó su cercanía con exfuncionarios para consolidar su organización. Su captura en Paraguay, mediante investigaciones internacionales y vigilancia constante, y su posterior extradición, ejemplifican la estrategia de las autoridades para operar más allá de las fronteras en la lucha contra la delincuencia. Por otro lado, la operación en el rubro del huachicol fiscal también mostró avances relevantes. La organización detrás del contrabando de combustibles, que utilizaba empresas fachada y vínculos con miembros de las fuerzas armadas, fue severamente dañada con la captura de Manuel Roberto Farías Laguna, presunto cabecilla. La red, que alcanzó a altos mandos navales y se vinculó incluso a episodios de violencia extrema, se vino abajo tras meses de investigación internacional. La implicación de familiares de exfuncionarios militares evidencia la complejidad del entramado. La estrategia gubernamental busca no solo decomisar recursos ilegales, sino también limpiar las instituciones de las manzan
