Dos años después de las tormentas, la infraestructura, economía y ecosistema del puerto aún enfrentan graves secuelas que requieren atención urgente. La localidad de Acapulco enfrenta las consecuencias duraderas de los huracanes Otis y John, fenómenos que azotaron la región hace ya dos años y dejaron una huella profunda en su infraestructura, economía y medio ambiente. Las áreas de playa en Punta Diamante, incluyendo Revolcadero, Puerto Marqués y Bonfil, fueron las más afectadas, con devastación de carreteras, hoteles y negocios que sustentan la economía local. A pesar del tiempo transcurrido, muchas construcciones permanecen dañadas y en peligro por el aumento de fenómenos como el “mar de fondo”, que provoca olas largas y peligrosas en la zona, agravando aún más la vulnerabilidad de los cimientos y obras costeras. La destrucción golpeó especialmente al sector turístico, principal motor económico del municipio, dejando a cientos de familias en la pobreza y sin fuentes de ingreso estables. Además, los daños ecológicos en zonas protegidas como el Parque Nacional El Veladero y manglares en Puerto Marqués han puesto en riesgo ecosistemas vitales para la recarga de mantos acuíferos y la biodiversidad local. Entender la magnitud de estos daños evidencia la urgencia de implementar políticas de prevención, reconstrucción y protección ambiental, frente a un contexto de cambio climático que intensifica estos fenómenos extremos y sus secuelas a largo plazo.
