Domingo Guerrero Núñez, con 95 años, narra su presencia en la Plaza de las Tres Culturas el día de la masacre estudiantil.
Salamanca, Guanajuato. Domingo Guerrero Núñez, un militar retirado de 95 años originario de Santa Cruz de Juventino Rosas, relata su experiencia como testigo en la Plaza de las Tres Culturas durante los eventos del 2 de octubre de 1968 en la Ciudad de México. A pesar de su avanzada edad, Guerrero Núñez mantiene una notable lucidez y una independencia que le permite compartir sus vivencias de casi un siglo de vida.
El militar, quien para fines del Ejército Mexicano ya superó los cien años de servicio activo, recuerda que su ingreso a las fuerzas armadas ocurrió de manera inusual. Con tan solo 15 años, y sin acta de nacimiento, se enlistó junto a un amigo. Para cumplir con los requisitos de edad, fue registrado con cinco años más, iniciando así una extensa carrera militar que lo llevó a diversas partes de la República Mexicana.
Guerrero Núñez se encontraba en recuperación de una cirugía de espalda en la Ciudad de México cuando recibió la orden de presentarse en Tlatelolco. Fue trasladado en un autobús de pasajeros y se le indicó permanecer en el vehículo, sin intervenir directamente en los acontecimientos. “Yo como parte del ejército tengo mis manos limpias y no maté a nadie”, afirmó con pesar, subrayando su rol de observador en uno de los episodios más sombríos de la historia moderna de México.
Su condición de salud derivada de la lesión en la espalda propició una jubilación temprana del servicio militar. Posteriormente, encontró empleo en el ISSSTE, donde trabajó como policía bancario durante cinco años antes de trasladarse a Veracruz. Fue en esta entidad donde conoció a quien fuera su esposa, con la que tuvo un hijo, quien lamentablemente ha fallecido. Actualmente, reside en Salamanca, Guanajuato, acogido por familiares, donde dedica sus días a compartir su legado y experiencias de vida.
La masacre de Tlatelolco, ocurrida el 2 de octubre de 1968, es un evento fundamental en la historia contemporánea de México. En ese día, fuerzas militares y policiales reprimieron violentamente una manifestación estudiantil, resultando en un número indeterminado de muertos y heridos, en su mayoría jóvenes. Este suceso marcó un punto de inflexión en la relación entre el Estado y la sociedad civil, generando un debate persistente sobre la transparencia, la rendición de cuentas y la memoria histórica en el país. El testimonio de Domingo Guerrero Núñez, un testigo directo de los hechos, aporta una perspectiva personal a la reconstrucción de este doloroso capítulo.
