Las fuerzas de seguridad lidian con escasez de recursos, equipo insuficiente y la presencia de armas sofisticadas del crimen organizado, ante un panorama de financiamiento decreciente.
Las corporaciones policiales en diversas regiones mexicanas enfrentan severos obstáculos para cumplir su labor de seguridad ciudadana. Además de un notable déficit de personal, las fuerzas locales operan con equipamiento escaso, lo que limita su eficacia frente a organizaciones criminales fuertemente armadas. Organismos delictivos poseen armas de alto calibre, como fusiles Barret y cuernos dechivo, que superan las capacidades de los equipos policiales, los cuales suelen estar equipados con armas semiautomáticas y escopetas. La carencia de recursos no solo afecta el armamento, sino también la asignación de presupuesto, que ha visto una reducción significativa en los últimos años. Desde 2014, los fondos federales destinados a fortalecer las policías municipales se han reducido en 88%, lo que obliga a los propios oficiales a financiar gastos básicos, como gasolina y equipo, con recursos propios. La adquisición de armas como rifles Barrett y granadas también refleja la magnitud del problema, ya que muchas de esas armas provienen de Estados Unidos y son utilizadas por grupos criminales para intimidar y desafiar a las autoridades. La insuficiencia de recursos se suma a la dificultad de adquirir equipamiento blindado especializado, necesario para protegerse ante el armamento sofisticado de la delincuencia. Expertos advierten que la inversión en recursos y capacitación es fundamental para potenciar la capacidad institucional y reducir la vulnerabilidad ante la violencia persistente en diversas regiones del país.
