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Juguetes Tradicionales de Celaya: Artesanía en Peligro ante la Era Digital

Los juguetes tradicionales de Celaya, elaborados con hojalata, madera y cartón, enfrentan un declive del 95% en ventas debido a la preferencia de los niños por la tecnología digital, transformándose en artesanías para turistas.

Por Redacción2 min de lectura
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Celaya, Guanajuato. – Los icónicos carritos y avioncitos de hojalata o madera, baleros, yoyos, canicas y muñecas de trapo que alguna vez fueron el alma de la infancia, hoy en Celaya luchan por su supervivencia, transformándose de juguetes predilectos a valiosas artesanías que atraen principalmente a turistas y coleccionistas.

La irrupción de la tecnología, con tablets, celulares y videojuegos, ha desplazado en gran medida a estos objetos de juego, relegándolos a piezas de exhibición. Productores que dedicaron su vida a la elaboración de estas figuras ahora son reconocidos más como artesanos que como fabricantes de juguetes, una distinción que no siempre es del agrado de todos.

“Ahorita quienes compran los juguetes tradicionales son los extranjeros, porque los ven como artesanías y son productos que les gustan mucho. La gente de aquí de Celaya no compra mucho, y cuando lo hacen lo ven como una artesanía”, comparte Socorro Briones Torres, una artesana que aprendió el oficio de su esposo.

Los productores estiman una drástica caída en las ventas, que podría ascender al 95% o más en comparación con hace tres décadas. Mario Tierra Blanca, presidente de la Unión de Comerciantes Jugueteros, lamenta la disminución en la demanda de muñecas y figuras de cartón, que solían ser el principal entretenimiento para las niñas y que ahora se venden principalmente por nostalgia o como objetos decorativos.

Hace 50 años, barrios como San Antonio y Tierras Negras albergaban numerosos talleres dedicados a la creación de juguetes tradicionales. Hoy, la cifra se ha reducido a menos de cinco.

El fenómeno se agudiza con la reventa: piezas que en Celaya se venden en 100 pesos pueden alcanzar hasta mil pesos en sitios turísticos, aprovechándose de la disminución de la producción y la demanda.

Felipe Hernández, un artesano de juguetes de madera, mantiene la esperanza de que la tradición no muera, aunque reconoce que son los padres quienes a menudo impulsan la compra de estos juguetes por un sentido de nostalgia, mientras los niños se inclinan por los dispositivos electrónicos.

Los expertos señalan que los dispositivos móviles se han convertido en una suerte de “niñera digital”, captando la atención infantil por horas y restando espacio al juego físico y la interacción social. Sin embargo, los esfuerzos de los artesanos por mantener viva esta herencia cultural continúan, promoviendo los juguetes artesanales como catalizadores de la creatividad, la imaginación y el aprendizaje de conceptos básicos de ciencia y matemáticas.

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