La presencia de calzado chino en México ha provocado una caída significativa en la venta de productos nacionales, afectando a pequeñas empresas y empleos.
La industria del calzado en México enfrenta una transformación marcada por la creciente entrada de productos chinos al mercado nacional. En los últimos 17 años, las ventas de calzado fabricado en el país han disminuido en un 60%, evidenciado en la reducción de ingresos diarios de los pequeños comercios dedicados a la producción y venta de zapatos nacionales. Mientras tanto, la demanda de calzado importado procedente de China continúa en aumento, con más de 60 millones de pares recibidos en 2024 y precios difíciles de igualar sin comprometer la calidad o las condiciones laborales de los trabajadores en origen.
El impacto de esta tendencia ha sido de gran alcance: la competividad de la industria ha caído un 18.5%, perdiendo más de 12 mil empleos y cerrando cerca de 120 pequeñas y medianas empresas en regiones emblemáticas como Guanajuato, Jalisco y la Ciudad de México. En respuesta, el gobierno mexicano aprobó un arancel del 25% en agosto pasado para frenar las importaciones temporales y proteger la manufactura local, aunque comerciantes advierten que aún falta mucho por hacer.
La competencia desleal, con prácticas como el dumping y la importación subvaluada, continúa afectando la rentabilidad del sector. La industria del calzado en México, que genera millones en empleos y ventas anuales, necesita una estrategia integral que incluya incentivos y políticas públicas sólidas para revertir esta tendencia. Se espera que estas medidas tengan efectos visibles antes de fin de año, en un contexto donde la preferencia por productos nacionales aún encuentra obstáculos en los hábitos de consumo y la oferta en línea.
La relevancia del sector radica en su contribución a la economía de estados como Guanajuato y Jalisco, además de su papel en la generación de empleos directos y en mantener la tradición manufacturera mexicana en plena forma.
