El incremento en los costos y cambios demográficos retrasan la adquisición de hogar, afectando especialmente a las nuevas generaciones.
En las últimas tres décadas, la edad promedio para adquirir un inmueble en México ha experimentado un aumento sustancial, pasando de los 29 años en 1995 a 39 en 2025. Este cambio refleja diversas condiciones del mercado inmobiliario, como el incremento en los costos de construcción, la escasez de inventario en segmentos accesibles y las limitaciones en los ingresos de las familias mexicanas. La tendencia sugiere que los jóvenes y las generaciones recientes enfrentan mayores obstáculos para formar patrimonio, prolongando su ciclo laboral antes de poder acceder a una vivienda propia.
Este fenómeno tiene un impacto directo en la dinámica económica y social del país, ya que retrasa la consolidación de patrimonio y puede influir en el desarrollo de las comunidades y en la planificación urbana. Además, en ciudades como Monterrey, la disponibilidad de viviendas verticales por debajo de los cuatro millones de pesos es cada vez menor, mientras que la oferta de viviendas horizontales ha aumentado, acompañado de un incremento en sus precios. La generación Z, en particular, se encuentra cada vez más limitada en sus opciones habitacionales, lo que presenta una oportunidad para el desarrollo de proyectos destinados a satisfacer nuevas demandas, con énfasis en bienestar, cercanía y sustentabilidad.
Entender estos cambios es clave para diseñar políticas y estrategias que favorezcan la accesibilidad al hogar y promuevan un mercado más inclusivo, considerando las tendencias demográficas y económicas que marcan el rumbo del sector inmobiliario en México.
