La renuncia del fiscal general cierra un capítulo de controversias, confusiones y asuntos sin resolver en la Fiscalía Mexicana desde 2019. La gestión de Alejandro Gertz Manero en la Fiscalía General de la República (FGR) concluye formalmente tras casi siete años en el cargo, en medio de un historial repleto de polémicas, investigaciones inconclusas y cuestionamientos sobre su independencia. Desde su llegada en 2019, la institución enfrentó acusaciones de usar la ley con fines partidistas, conflictos internos, opacidad en la gestión patrimonial y enfrentamientos políticos que minaron su credibilidad. Uno de los casos más resonantes fue la crisis judicial en torno a la muerte de Federico Gertz, hermano del fiscal, donde las decisiones cuestionadas y filtraciones de audios generaron un escándalo nacional. Asimismo, en 2022, se presentaron denuncias por supuestos tratos crueles y procedimientos irregulares en las investigaciones contra expresidentes de Pemex y otros exfuncionarios, en un escenario que evidenció la percepción de ineficacia y manejo parcial en la lucha contra la corrupción. Además, la existencia de prácticas internas de corrupción, encubrimiento y sabotaje en la FGR fue expuesta por medios independientes, revelando una red que favorecía la impunidad y obstaculizaba el avance de investigaciones relevantes. La percepción de que la autonomía de la fiscalía siempre estuvo en entredicho, especialmente por presiones políticas y la impunidad de personajes cercanos al gobierno, impactó en la credibilidad del organismo. La salida de Gertz Manero marca el fin de una etapa marcada por controversias, dejando pendientes que definirán el rumbo de la justicia en México.
