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Política

EE.UU. redefine el orden global: retiro multilateral y acciones unilaterales marcan 2026

Por Redacción2 min de lectura
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Estos acontecimientos, lejos de ser aislados, señalan una transformación profunda en la concepción del poder, la legitimidad y la gobernanza a nivel global. La acción unilateral de Estados Unidos contra un jefe de Estado en funciones rompe con principios fundamentales del derecho internacional desde 1945, como la soberanía estatal y la prohibición del uso de la fuerza. La reinterpretación de estos principios bajo la lógica de la lucha contra el crimen transnacional crea una ambigüedad normativa peligrosa, diluyendo la frontera entre operaciones de seguridad interna y actos de fuerza con implicaciones geopolíticas.

Paralelamente, la decisión estadounidense de abandonar organismos multilaterales en áreas como derechos humanos, cambio climático y gobernanza económica confirma el repliegue deliberado de Washington de la arquitectura institucional que ayudó a diseñar tras la Segunda Guerra Mundial. Este retiro, que erosiona los fundamentos del orden liberal internacional, representa uno de los principales factores de riesgo global.

Desde una perspectiva geopolítica, la combinación de acción coercitiva directa y abandono institucional sugiere un giro hacia un ejercicio del poder basado en la capacidad de imposición, en detrimento del liderazgo normativo. Esto altera el equilibrio de poder global, disminuyendo el valor estratégico de las reglas compartidas y aumentando la centralidad de la fuerza y las alianzas transaccionales. Potencias como China y Rusia podrían encontrar un terreno fértil para posicionarse como defensores alternativos del multilateralismo, fragmentando el sistema internacional en lugar de un reemplazo ordenado del liderazgo estadounidense.

A nivel geoeconómico, la ausencia de Estados Unidos en foros multilaterales clave para la coordinación de políticas en energía, comercio y financiamiento reduce su capacidad para definir estándares y reglas. Este vacío tiende a ser ocupado por esquemas de cooperación alternativos impulsados por economías emergentes, promoviendo la regionalización de la economía global y profundizando la competencia entre modelos de desarrollo.

Las implicaciones para la seguridad global son significativas. La normalización de intervenciones unilaterales debilita los mecanismos colectivos de gestión de crisis y la eficacia de las instituciones para prevenir escaladas. El debilitamiento del compromiso estadounidense con organismos internacionales limita la respuesta coordinada ante amenazas transnacionales como migraciones, crisis humanitarias o pandemias, incrementando la probabilidad de respuestas fragmentadas.

En conjunto, estos eventos configuran un escenario de gobernanza global más incierto, marcado por la erosión de consensos normativos y la redistribución del poder institucional. La estabilidad internacional dependerá cada vez menos de instituciones universales y más de la capacidad de los Estados y actores regionales para gestionar la rivalidad y reconstruir espacios mínimos de cooperación en un sistema crecientemente fragmentado.

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