Conocer el cumplimiento de las regulaciones actuales y revisar los permisos estructurales son claves para garantizar la seguridad ante temblores.
La resistencia sísmica de un edificio en México puede determinarse a partir del cumplimiento de los reglamentos de construcción vigentes, que se han ido actualizando en respuesta a las distintas historias sísmicas del país. Desde el terremoto de 1985, que impulsó una revisión profunda de las normas en la Ciudad de México, hasta los cambios posteriores en 2017 tras los movimientos de ese año, las regulaciones ahora consideran variables como el tipo de suelo y la vibración del terreno, aspectos que influyen en la estabilidad estructural.
Una de las primeras acciones para verificar la seguridad de una edificación es consultar si fue diseñada y construida bajo los parámetros establecidos en el reglamento actual. Los responsables de obra y los especialistas en seguridad estructural pueden ofrecer información confiable sobre el cumplimiento de estos requisitos. Además, la documentación oficial, como los cálculos estructurales y los permisos de construcción, son evidencias palpables de que el inmueble cumple con los estándares necesarios para resistir un sismo.
Es importante destacar que, en el proceso de compra o inspección, solicitar estos documentos y exigir garantías de resistencia por un período definido por la ley —tres o cinco años— proporciona una protección adicional para los propietarios y usuarios. La revisión minuciosa de permisos y certificados ayuda a identificar construcciones que cumplen con las normativas, contribuyendo a reducir riesgos en situaciones de emergencia.
El conocimiento y la verificación de estos aspectos son fundamentales en un país donde la actividad sísmica es constante. Asegurar que la estructura cumple con la normativa vigente no solo respalda la integridad del inmueble, sino que también protege vidas en caso de un movimiento telúrico. La prevención y la revisión periódica deben ser parte de la cultura de construcción y propiedad.
A partir de estos mecanismos de control, los habitantes pueden actuar con mayor confianza y conciencia, promoviendo comunidades más seguras ante los desafíos sísmicos que enfrenta México.
