Copenhague, Dinamarca. – Dinamarca ha emitido una fuerte advertencia a Estados Unidos, representada por su presidente Donald Trump, respecto a cualquier intento de agresión o intervención en Groenlandia. La primera ministra Mette Frederiksen declaró que una acción de esta naturaleza destruiría la arquitectura de paz global y pondría en riesgo la unidad de los aliados, especialmente dentro de la OTAN.
Las declaraciones de Frederiksen surgen ante el renovado interés de Trump por controlar la isla ártica, justificado por razones de seguridad nacional. La mandataria danesa enfatizó que las fronteras actuales deben respetarse sin condiciones, subrayando que la confianza entre las naciones es el pilar de la defensa común. “Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará. Incluida nuestra OTAN y, en consecuencia, la seguridad que ha proporcionado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”, afirmó.
Dinamarca ha reafirmado su defensa de la soberanía, declarando que no aceptará amenazas contra su territorio o el de Groenlandia. Para respaldar su postura, el país ha destinado 90 mil millones de coronas para la seguridad del Ártico, basando su gestión en la democracia y el respeto a las normas globales.
Por su parte, Donald Trump insiste en el valor estratégico de Groenlandia, argumentando vulnerabilidad y la presencia de barcos rusos y chinos en la zona, además de sostener que Dinamarca no podría garantizar la seguridad por sí sola. A pesar de mencionar otros conflictos, reiteró su intención de abordar el tema de Groenlandia a corto plazo.
Organismos como la ONU y la OTAN han intentado mediar, pero sus acciones enfrentan críticas. La OTAN es cuestionada por la falta de mecanismos claros para sancionar a un país fundador que amenaza a un aliado menor, mientras que la ONU es criticada por emitir resoluciones sin fuerza vinculante. Países como México han expresado escepticismo sobre la eficacia y el equilibrio de estas instituciones, señalando una tendencia a proteger intereses de potencias sobre la soberanía de otras naciones.
El interés de Estados Unidos por Groenlandia no es reciente, remontándose al siglo XIX. Desde entonces, la isla ha sido vista como una pieza estratégica clave por su ubicación y recursos naturales. A lo largo de la historia, han existido propuestas de adquisición, a menudo sin considerar a las comunidades inuit, habitantes ancestrales del territorio.
La situación actual mantiene una tensa calma diplomática. La Comisión Europea y varios jefes de Estado europeos han manifestado su total respaldo a Dinamarca, mientras Frederiksen se mantiene atenta a los movimientos de Washington. El futuro de la isla y de la alianza militar más grande del mundo dependerá del respeto a los límites territoriales en los próximos meses.
