La implementación de la reforma judicial enfrenta serios obstáculos, incluyendo vacíos en órganos judiciales y decisiones cuestionadas que agravan la incertidumbre en el sistema. La reciente reforma judicial en México enfrenta serias dificultades que ponen en entredicho la continuidad y funcionamiento del sistema. Un análisis revela que diversos juzgados aún no cuentan con titulares activos a pocos días de la entrada en vigor del nuevo esquema, generando posibles interrupciones en la impartición de justicia. Además, han surgido controversias en torno a decisiones internas del Consejo de la Judicatura Federal, específicamente en la asignación y remoción de jueces tras los procesos electorales judiciales. Uno de los problemas más relevantes es la delimitación del número total de servidores judiciales interesados en continuar en sus cargos. La selección de 87 jueces, en circunstancias donde podría haber habido mayor interés, fue percibida como un acto arbitrario, lo que ha generado dudas sobre la transparencia y equidad del proceso. La falta de documentación clara en las propuestas entregadas para las nuevas adscripciones también ha agravado las críticas, evidenciando una gestión opaca en un momento de cambio estructural. Este escenario evidencia la necesidad de establecer mecanismos claros para garantizar que la transición no afecte la justicia. Expertos advierten que la incorporación de secretarios judiciales como sustitutos temporales podría ser una solución efectiva para evitar mayores interrupciones, pero la decisión dependerá de un acuerdo colegiado en los próximos días. La incertidumbre también alcanza al personnel administrativo, pues aún no se ha definido quién asumirá las funciones en la futura estructura del órgano judicial, poniendo en riesgo la continuidad de servicios esenciales. En conjunto, estos hechos reflejan las complejidades que enfrentan los cambios en las instituciones judiciales mexicanas, resaltando la urgencia de aplicar procedimientos transpa
