A sus 15 años, la estudiante más joven de la Universidad de Sonora integra la Orquesta Sinfónica Infantil de México y estudia ingeniería en mecatrónica La historia de Coral Arenas es sorprendente en los ámbitos de la música mexicana y la ingeniería. Ella ha logrado unir dos mundos que parecen muy diferentes mediante una dedicación excepcional. A sus 15 años, es la alumna más joven de la Universidad de Sonora en la carrera de ingeniería en mecatrónica y también forma parte de la Orquesta Sinfónica Infantil de México (OSIM). Coral representa a una generación capaz de soñar y de convertir en realidad sus pasiones sin tener que renunciar a ninguna de ellas. La joven percusionista admite que equilibrar ambas vocaciones no es fácil, pero la disciplina que adquirió en su hogar y el entusiasmo por la tecnología y la música le permiten disfrutar de ese reto. “Sí implica una gran exigencia, pero la verdad, con la educación y mi familia no lo veo tan pesado, porque la música para mí es divertida”, comenta Coral. Su capacidad para combinar estos dos intereses refleja su compromiso y su amor por aprender en diferentes áreas. Se recomienda leer: Carlos Monsiváis maravilló hasta a sus espías federales Para Coral, la música representa un desafío, pero también una fuente de diversión y creatividad. Por otro lado, afirma que “la ingeniería en la que estoy inscrita me gusta mucho, me gusta la tecnología, el ámbito de armar, desarmar y arreglar”, lo cual le proporciona otra forma de satisfacción intelectual. Esta pasión por ambas disciplinas la impulsa a seguir creciendo y aprendiendo cada día. Al incorporarse a la OSIM, Coral descubrió el valor de trabajar en equipo y sentir que pertenece a un colectivo. “Pues siento yo, que es mucho trabajo colectivo, colaboración con todas las secciones… Mis compañeros son muy buena onda, siempre hay disposición de parte de ellos y de quienes nos apoyan”, expresa. La experiencia en la orquesta le ha permitido entender cómo el esfuerzo conjunto es fu
