La presidenta ha asegurado su control político con reformas y programas sociales, aunque enfrenta la sostenibilidad económica a largo plazo. En los últimos años, la presidenta Claudia Sheinbaum ha logrado fortalecer su posición política mediante estrategias que incluyen cambios en el Congreso y ampliación de programas sociales. Su administración ha conseguido aprobar reformas clave que consolidan el control del ejecutivo sobre el poder judicial y debilitando estructuras tradicionales, en un contexto similar al del antiguo régimen priísta. Desde una perspectiva económica, el país ha logrado evitar una recesión pese a las tensiones internacionales y una economía que crece por debajo del promedio en décadas recientes. Se estima que en 2025 el crecimiento será alrededor del 1 por ciento, con una ligera mejora para 2026, cifras que apenas alcanzan los niveles del crecimiento poblacional. La estabilidad del peso frente al dólar y la continuidad en las políticas de gasto han contribuido a mantener la confianza y reducir la inflación. Sin embargo, la alta inversión en programas sociales, incluyendo nuevas pensiones para adultos mayores y mujeres, plantea un desafío de sostenibilidad. La economía no muestra signos suficientes de expansión para sostener los recursos distribuidos en estas ayudas, cuyas metas parecen orientadas a garantizar victorias en futuras elecciones. La historia revela que sin crecimiento económico, la prosperidad a largo plazo resulta insostenible; en paralelo, la deuda pública ha aumentado significativamente, duplicando el nivel que dejó López Obrador en 2018, poniendo en riesgo la estabilidad fiscal. El uso de beneficios sociales como herramienta electoral ha sido recurrente en la historia política mundial, pero para un país, mantener este ritmo sin crecimiento económico puede conducir a una crisis económica profunda. La gestión actual enfrenta el reto de equilibrar el control político con la salud fiscal y económica del país.
