Coahuila. - La actual campaña electoral en Coahuila ha alcanzado un punto crucial, con 15 días de proselitismo. En este contexto, las elecciones parecen ser más un espectáculo que un proceso democrático significativo, donde los candidatos enfatizan su presencia más que sus propuestas.
Esta dinámica convierte el activismo en un mero concurso de popularidad, donde los actos de los aspirantes se limitan a mostrar cercanía con la gente a través de acciones superficiales, como compartir comidas o bailes. Esta situación refuerza estereotipos y reduce al votante a un mero marchante dentro del gran "mercadito" de la política local.
François Bégaudeau, en su análisis sobre democracia y elecciones, sugiere que el sistema electoral actual anula la verdadera participación ciudadana, transformando al votante en un simple "cuerpo político" que se activa únicamente durante las elecciones. Este fenómeno se hace evidente en Coahuila, donde la elección se valida sin cuestionar las reglas del juego preestablecidas.
La limitada participación de los ciudadanos también responde a un contexto social, donde la carga de las actividades diarias dificulta el ejercicio pleno de la ciudadanía. Esto provoca que el poder económico y los intereses creados dominen el ámbito público, mientras los ciudadanos quedan al margen del debate y la acción política.
La conclusión es evidente: el voto en Coahuila tiende hacia el conservadurismo, ya que, en un entorno donde participan los más aventajados, mantener el statu quo se convierte en la opción "segura". Pese al reclamo de cambio, es necesario reconocer que la verdadera acción política va más allá de las elecciones, abogando por un involucramiento continuo que trascienda los procesos electorales.
Con información de zocalo.com.mx

