El P. Felipe Martínez, sacerdote de la Diócesis de Saltillo, experimentó un accidente vial que marcó un antes y un después en su vida. Un año atrás, un choque automovilístico en la carretera a San Antonio de las Alazanas dejó secuelas físicas severas y el desconsuelo por la pérdida de su madre. Hoy, asegura que su recuperación fue posible gracias a la oración de quienes lo rodean.
El suceso ocurrió en mayo de 2025, cuando un vehículo invadió su carril y colisionó de frente con su camioneta. En ese momento, el sacerdote se abrazó a su madre, quien resultó gravemente herida. Reaccionó con serenidad, confiando en que estaban en manos de Dios, a pesar del posible desenlace trágico.
Un comunicado de la diócesis confirmó que recuperó la conciencia días después del accidente, enfrentándose a la dolorosa noticia de la muerte de su madre y del otro conductor. A pesar de las dificultades, como un paro respiratorio que llevó a los médicos a informar a su familia sobre la gravedad de su estado, el P. Felipe encontró en su fe la fuerza necesaria para seguir adelante.
Meses de tratamiento y cadenas de oración de comunidades de diferentes lugares resultaron en señales de mejoría. El 1 de julio, celebró una misa en su noveno aniversario sacerdotal, acompañado de seres queridos. Finalmente, en diciembre de 2025, recibió el alta médica y comenzó una nueva etapa en su rehabilitación, ya incorporándose a actividades pastorales.
Al reflexionar sobre su experiencia, el P. Felipe destaca la importancia de la ayuda espiritual y el agradecimiento hacia Dios por darle una segunda oportunidad. Se siente un reflejo de la gracia divina y reconoce el poder transformador de la oración colectiva, que lo llevó a una recuperación notable.
Con información de aciprensa.com

