La comunidad LGBTIQ+ en Coahuila enfrenta desafíos significativos a pesar de su crecimiento. En la última Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género, se registraron más de 109,000 personas mayores de 15 años que se identifican como parte de esta comunidad en el estado. La XVII Marcha LGBTIQANB+ se realizó en un contexto marcado por tensiones y debates sobre la representación y el significado del orgullo.
A medida que los asistentes se unían en esta celebración, surgieron cuestionamientos sobre la propiedad del movimiento y la necesidad de visibilizar diversas realidades. Mientras una parte del público aboga por la profesionalización y espacios inclusivos, otros grupos luchan por recordar el origen de la marchas: la resistencia colectiva y la lucha por los derechos básicos.
Sin embargo, existe una dura realidad que nubla el ambiente festivo: la transmisoginia y la violencia que enfrentan las mujeres trans. Casos como el de "la Vane", quien ha sufrido daños severos en su salud tras años de inseguridad y exclusión, son un recordatorio del dolor que transitan muchas personas. La falta de atención adecuada y las condiciones de vida precarias contribuyen a un cuadro de vulnerabilidad alarmante.
Además, historias tristes como la de "Violeta", trabajadora sexual que perdió su vida debido a complicaciones relacionadas con VIH/SIDA, subrayan las urgencias de salud pública que siguen sin ser atendidas. En un contexto donde se promueve la inclusión, estas narrativas quedan a menudo relegadas.
Es fundamental que el orgullo no se reduzca a un evento superficial. La verdadera resistencia se encuentra en las historias de quienes viven cotidianamente la exclusión y la lucha por reconocimiento y dignidad. Sin un enfoque genuino hacia estas realidades, el movimiento corre el riesgo de convertirse solo en un espectáculo, ignorando a quienes quedan fuera del foco. El compromiso debe ser con todas las voces y realidades de la comunidad.
Con información de vanguardia.com.mx

