La presidenta de México criticó duramente las declaraciones del exmandatario sobre la intervención extranjera en asuntos nacionales y la reforma judicial. En un contexto de intensos debates políticos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, expresó su rechazo enérgico hacia las recientes declaraciones del exmandatario Felipe Calderón Hinojosa. Calderón cuestionó la reforma al Poder Judicial y sugirió que la intervención del embajador de Estados Unidos influyó en los cambios legislativos en el país. La mandataria destacó la gravedad de estos comentarios y los calificó como una actitud entreguista, señalando que tales afirmaciones socavan la soberanía nacional y fomentan un clima de desconfianza. Para entender el impacto de esta polémica, es fundamental contextualizar que la historia de injerencias externas en México no es nueva. Uno de los eventos más controvertidos fue el golpe de Estado contra Francisco I. Madero en 1913, influenciado por la presencia del embajador estadounidense Henry Lane Wilson, un recuerdo que resuena en las declaraciones actuales. La llegada de nuevos ministros a la Suprema Corte, elegidos en medio de controversias, también ha generado inquietud acerca de la independencia del Poder Judicial en tiempos recientes. Calderón, durante una conferencia en Washington, D.C., afirmó que el proceso de demolición democrática en México ocurrió bajo la vigilancia del embajador estadounidense en aquel momento, sin precisar si fue por ignorancia o complicidad. Por su parte, el expresidente también criticó a la institución judicial, señalando que buena parte de sus integrantes están ligados a militantes del partido oficialista Morena y que las garantías para las oposiciones están en riesgo, advirtiendo una posible desaparición de elecciones libres en el país. Este escenario refleja la tensión que existe en México sobre la influencia externa y la integridad de sus instituciones democráticas, aspectos que permanecen en el centro del debate público. La
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