La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, ha generado controversia tras su reciente visita a China con el objetivo de atraer inversiones. Durante su estancia, fue acusada de posicionarse de manera opuesta a compromisos nacionales, resaltando su alineación política con posturas extremas que promueven una visión muy particular de la soberanía.
El viaje de la mandataria incluye encuentros con líderes de negocios en un contexto marcado por tensiones internacionales. Algunos críticos han señalado que Campos parece priorizar intereses externos sobre el bienestar de los chihuahuenses, especialmente en un momento donde la política interna está cargada de polarización.
Voces de la oposición han cuestionado la retórica de la gobernadora, sugiriendo que su forma de gobernar trae reminiscencias del pasado priista. Activistas y líderes morenistas han manifestado su descontento sobre cómo se manejan las discusiones políticas en el estado, con la percepción de que se busca restringir la libertad de expresión y el activismo.
La relación de Campos con figuras como Donald Trump ha sido un punto de referencia en el debate. Mientras Trump busca consolidar su influencia y limitar vínculos con China, Campos parece romper con esos patrones al dialogar con el gigante asiático. La comunidad está inquieta ante estas decisiones, cuestionando si representa un retroceso en la lucha por la soberanía.
En medio de esta controversia, la gobernadora enfrenta un panorama complicado que podría influir en su futuro político. Se anticipa que en las próximas semanas se fortalezcan las discusiones sobre su gestión, así como el impacto de sus decisiones internacionales en el desarrollo del estado.
Con información de milenio.com

