La iniciativa incluye una obra teatral y acciones conjuntas para recuperar el emblemático recinto religioso afectado por un incendio en 2024, fortaleciendo la cultura indígena y el patrimonio local.
Recursos oficiales por un monto de 7 millones de pesos han sido asignados por las autoridades del estado para la reconstrucción del templo en Bocoyna, que sufrió daños graves tras un incendio en noviembre de 2024. Este templo, considerado un símbolo cultural y religioso en la región de la Tarahumara, desempeña un papel fundamental en la vida espiritual y comunitaria de sus habitantes. La recuperación del recinto forma parte de un esfuerzo coordinado que busca fortalecer la identidad indígena y preservar el patrimonio arquitectónico en la zona.
Como parte de las acciones para recaudar fondos adicionales, se ha organizado la presentación de la obra teatral “La mujer que cayó del cielo”, escrita por el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda. La función, que se realizará en el Teatro de los Héroes, busca recaudar fondos mediante la venta de boletos, cuyo costo será destinado directamente a la restauración del templo. La obra regresó a escena en Chihuahua tras 17 años y cuenta con la participación de reconocidos actores, incluyendo a la galardonada Luisa Carlota Huertas, quien actúa en el montaje.
El evento cuenta con el apoyo de las secretarías de Cultura y de Pueblos y Comunidades Indígenas, y se realiza en colaboración con el comité rarámuri de Panalachi. La secretaria de Cultura enfatizó que estas acciones reflejan un compromiso por parte del gobierno para promover la participación comunitaria y el rescate de las lenguas y tradiciones originarias. La autoridad religiosa de la región también expresó la importancia del templo como espacio de encuentro espiritual, resaltando que su recuperación es vital para mantener viva la cultura local.
En el contexto de la protección del patrimonio cultural, expertos han señalado que la restauración de templos tradicionales en zonas indígenas enfrenta retos específicos relacionados con la conservación y el respeto por las prácticas ancestrales. La inversión de recursos públicos y la participación comunitaria buscan asegurar que estos sitios sigan siendo centros de identidad y esperanza para las generaciones futuras.
