El 6 de diciembre de 1983, Ciudad Juárez se convirtió en testigo de uno de los peores accidentes radiológicos de México. Una fuente de Cobalto-60, extraída de un hospital privado y vendida como chatarra, desató una cadena de contaminación que impactó a miles de personas y llegó a Estados Unidos.
La máquina involucrada había permanecido olvidada en un centro médico. La fuente de Cobalto-60 dentro de la máquina de radioterapia fue desconectada y manipulada irresponsablemente por un técnico y un amigo. Su acción desencadenó la dispersión de radiación, exponiendo a los habitantes a un material altamente peligroso.
El problema trascendió fronteras; en enero de 1984, el Laboratorio Nacional de Los Álamos en EE. UU. detectó la radiactividad en un camión que transportaba varilla contaminada. Las autoridades mexicanas y estadounidenses trabajaron conjuntamente para enfrentar la crisis sanitaria, que había dejado consecuencias devastadoras en la salud de quienes estuvieron en contacto con el material contaminado.
La historia completa, analizada a través de documentos desclasificados, revela la falta de protocolos y la intervención de personas sin el conocimiento adecuado. El accidente es recordado como "El Chernóbil mexicano", una lección sobre la importancia de la regulación y el seguimiento de normas en el manejo de materiales radiactivos.
Próximos pasos deberán incluir una revisión exhaustiva de las regulaciones en torno al manejo de fuentes radiactivas para prevenir futuros desastres. La enseñanza del caso de Ciudad Juárez debe mantenerse presente para salvaguardar la salud pública.
Con información de elfinanciero.com.mx

