En lo que va del año, se registran 164 socavones, principalmente en alcaldías con infraestructura envejecida, afectando vías principales y zonas densas La Ciudad de México enfrenta un aumento significativo en la aparición de socavones, con 164 registrados en lo que va de 2025. La mayoría se han formado en vías secundarias, aunque su presencia en avenidas principales y áreas con alta densidad poblacional ha incrementado la preocupación. La inversión para repararlos ha sido limitada, con gastos que apenas alcanzan 80 millones de pesos y una reciente sustitución de unos pocos metros de tubería y estructura en emergencia. Este fenómeno se vincula principalmente al envejecimiento de la red de drenaje, que se extiende por más de 12 mil kilómetros. Muchas de sus tuberías, construidas hace más de medio siglo con materiales obsoletos como el asbesto, presentan fisuras y pérdidas de agua. La constante filtración de agua y la presión del tráfico provocan que el suelo se fragilice y se formen cavidades subterráneas, algunas de hasta 20 metros de profundidad. La problemática se ha visto exacerbada por las lluvias intensas, que saturan el sistema de colectores y generan fisuras que facilitan la aparición de estos hundimientos. Colonias como Aragón, Providencia y Azteca, que enfrentaron inundaciones en años anteriores, ahora concentran gran parte de los socavones, evidenciando un patrón de fragilidad en las zonas con menor capacidad de drenaje. La complejidad de la infraestructura antigua, sumada al fenómeno natural de subsidencia, hace que su control y monitoreo sean deficientes, incrementando el riesgo para la población y la movilidad urbana. En 2019, investigaciones ya advertían sobre la vulnerabilidad de la infraestructura hídrica, y hoy los datos refuerzan esa urgencia, en un escenario donde la ciudad necesita nuevos enfoques para mantener suelos sólidos y garantizar la seguridad vial.
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