Complejidad en permisos, altos costos y factores geológicos dificultan el desarrollo de torres altas en la capital mexicana. La expansión de rascacielos residenciales en la Ciudad de México enfrenta múltiples desafíos que limitan su viabilidad. Uno de los principales es la complejidad y alto costo de los trámites para obtener permisos y licencias, cuyo tiempo puede variar de uno a varios años, incrementando significativamente los gastos financieros de los desarrolladores. Además, los incrementos en los costos de construcción, que superaron el 50% tras la pandemia, se ven agravados por las estrictas regulaciones estructurales y las condiciones geológicas del entorno. La presencia de terrenos con características lacustres y la alta actividad sísmica elevan las exigencias de ingeniería, encareciendo los proyectos. Por otra parte, la relación con las comunidades locales suele estar marcada por una percepción negativa, lo que genera incertidumbre y riesgos adicionales. Los instrumentos urbanos, como los polígonos de actuación que permitían mayor flexibilidad en la densidad, han visto una reducción en su uso en los últimos años, limitando las posibilidades de ampliar alturas en las construcciones. Finalmente, la escala de inversión y el tiempo prolongado que requieren estos proyectos aumentan los costos financieros, haciendo que los desarrollos sean menos rentables comparados con construcciones de menor altura. Estos factores explican por qué, en la actualidad, la tendencia de edificación de rascacielos residenciales en la capital continúa siendo limitada.
