En la última semana se registraron varios sismos menores en la capital, sin activar la alerta sísmica, pero generando preocupación en los ciudadanos.
Durante la semana del 20 al 28 de noviembre, la Ciudad de México ha sido escenario de múltiples microtemblores, eventos sísmicos de magnitud menor que no alcanzan a activar la alerta sísmica oficial. Estos sismos, que en algunos casos han sido percibidos por la población, refuerzan la importancia de mantener protocolos de seguridad y conciencia ante la actividad tectónica en la región.
El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (Sasmex) reportó que el 28 de noviembre se registró un microsismo en Guerrero, identificado como posible epicentro, a las 20:28 horas, con una magnitud menor. Además, en la madrugada del 29 de noviembre, a las 01:05 horas, se reportó otro evento en la alcaldía de Álvaro Obregón, en la zona de Las Águilas, con una magnitud de 2.2. Aunque estos eventos no dispararon la alerta, algunos residentes los sintieron en sus hogares, generando inquietud y la necesidad de reforzar las medidas preventivas en la capital.
El Servicio Sismológico Nacional (SSN) registró en su monitoreo matutino siete sismos durante esa semana, todos de baja magnitud, sin que ninguno activara la alerta sísmica. La posibilidad de que eventos de menor intensidad puedan ser percibidos por la población hace indispensable estar preparados y seguir recomendaciones básicas de protección. Además, los mapas interactivos disponibles en la plataforma del SSN permiten localizar en tiempo real los sismos en todo México, facilitando una mejor percepción de la actividad sísmica en diferentes regiones.
Aunque la alerta sísmica no se activó en estos casos, las autoridades de Protección Civil en la Ciudad de México continúan recomendando a los residentes estar atentos a las señales y mantener su plan familiar de emergencia. Ante la cercanía y las características de los microtemblores, es fundamental seguir protocolos como evacuar en caso de alerta, tener rutas de evacuación establecidas y mantener la calma para evitar accidentes.
La presencia constante de actividad tectónica en México obliga a la ciudadanía a prepararse para eventos impredecibles. La coordinación entre las instituciones y la educación en protección civil son claves para minimizar riesgos y garantizar la seguridad en momentos de sismos, por pequeños que sean.
