Las lluvias atípicas y las características del suelo en la zona oriente provocaron daños en más de 3,500 viviendas y colapsos en infraestructura en la región. Las intensas lluvias registradas en la Ciudad de México y el Estado de México, acompañadas de la particularidad del suelo en la zona oriente, han provocado graves afectaciones en la infraestructura y viviendas. En particular, las condiciones geológicas del suelo, compuesto en su mayoría por arcilla y zonas de mezcla con arena, generan hundimientos y desniveles que agravan el impacto de las lluvias. La región, que en el pasado fue un lago, presenta suelos que se comportan como plastilina, expandiéndose y contrayéndose con la humedad, lo que ocasiona grietas y desplazamientos en las viviendas y calles. El aumento en el nivel del manto acuífero, junto con la compresión del suelo, ha contribuido al hundimiento de la superficie. La temporada de lluvias de este año fue notablemente más severa de lo habitual, siendo considerada la más fuerte de los últimos meses, con registros de hasta 91 milímetros en un día. Como resultado, más de 3,500 viviendas en la capital y el Estado de México han reportado daños, además de fallas en la infraestructura de drenaje, específicamente en Nezahualcóyotl, donde obstrucciones y colapsos en el colector Vicente Villada dificultan la evacuación del agua. La situación ha llevado a las autoridades a aplicar un plan de emergencia que contempla una inversión conjunta de más de 100 millones de pesos para atender a las familias afectadas y reforzar las zonas vulnerables. Este fenómeno resalta la importancia de implementar medidas de mitigación ante fenómenos atmosféricos cada vez más extremos, y la necesidad de estudiar y reforzar la infraestructura en áreas con suelos que presentan estas particularidades geológicas. La atención a las comunidades perjudicadas y las acciones preventivas son cruciales para reducir el impacto de futuras contingencias.
