Un veterano ejecutivo de la petrolera estadounidense se perfila como pieza central en la reestructuración de la estatal venezolana.
Ciudad de México, México. Un histórico directivo de Chevron, Ali Moshiri, se encuentra en una posición estratégica para definir el futuro de Petróleos de Venezuela (PDVSA). Su profundo conocimiento del chavismo y sus conexiones en la política estadounidense lo convierten en un actor fundamental en la potencial reconfiguración de la industria petrolera venezolana.
Moshiri, ejecutivo de origen iraní con ciudadanía estadounidense, ha sido un interlocutor clave en Venezuela desde los inicios del gobierno de Hugo Chávez. Su experiencia se remonta a los tiempos en que Chevron se asoció con el gobierno argentino de Cristina Kirchner en 2012 para explotar yacimientos en Vaca Muerta, una operación que generó dudas por la expropiación previa de YPF.
Desde el fondo de inversión Amos Global, Moshiri busca ahora canalizar recursos para revitalizar la producción petrolera venezolana en una nueva etapa, bajo la administración de Delcy Rodríguez. Se especula que su influencia podría ser determinante en la elección de nuevos perfiles para las directivas de PDVSA, trabajando en conjunto con figuras como Jared Kushner, yerno de Donald Trump.
La reestructuración de PDVSA es vital ante los recientes acuerdos para incrementar las ventas de crudo a Estados Unidos, cuyos ingresos se destinarán a cuentas controladas por Washington, con el objetivo de generar beneficios para el pueblo venezolano. La próxima reunión entre directivos petroleros y el presidente estadounidense en la Casa Blanca marcará un punto decisivo en estas negociaciones.
El escenario para la reactivación petrolera en Venezuela presenta desafíos considerables. Existen discrepancias sobre las reservas reales del país, estimadas por el gobierno en 300.000 millones de barriles, pero por analistas independientes en menos de 100.000 millones. Además, la infraestructura para la extracción de crudo pesado requiere una inversión masiva, estimada en más de 80.000 millones de dólares para su reactivación.
La compleja dinámica política venezolana añade una capa de incertidumbre. Si bien la estabilidad y el orden proporcionados por el chavismo son necesarios para la operación de empresas energéticas en un entorno marcado por la presencia de grupos ilícitos, la permanencia a largo plazo de este gobierno podría convertirse en un obstáculo, especialmente considerando la proximidad del fin de mandato de Donald Trump.
