Este entramado familiar involucra inversiones en diversos sectores, desde bienes raíces hasta criptomonedas.
Los Chapitos, herederos de Joaquín Guzmán Loera, han creado un vasto imperio ilícito. Sus operaciones incluyen la producción de fentanilo y metanfetamina, respaldadas por familias sinaloenses como los Núñez y los Marín. Desde el 2012, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) ha sancionado a varios miembros de esta red.
El análisis revela un entramado de empresas dedicadas a construcciones y actividades legales. En ciudades de Sinaloa y Baja California, estas familias han obtenido permisos ministeriales, convirtiendo ingresos ilícitos en capital legítimo. A través de la creación de proyectos turísticos y comerciales, buscan legitimar sus operaciones criminales.

