Mexicali, Baja California. – La controversial obra “El Cocinero Chino”, impulsada por Carlos Torres Torres, exesposo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, ha llegado a su etapa de conclusión tras casi dos años de polémicas y repudio social.
La estructura, de más de 20 metros de altura y ubicada en la entrada de la calle Juárez del mal llamado Centro Histórico de Mexicali, generó descontento entre los ciudadanos, quienes han calificado la obra como un “cochinero”.
El 31 de diciembre era la fecha límite para la entrega de la obra al Ayuntamiento de Mexicali, que destinó 1.5 millones de pesos a su construcción. A esto se suman las aportaciones de empresas como Cadena y Valle Dorado, favoritas del gobierno estatal, para la cimentación y materiales. Se estima que el costo total de la obra oscila entre seis y ocho millones de pesos, sin contar el gasto de maquinaria.
Óscar Ortega, artista plástico tijuanense seleccionado por adjudicación directa, ha concluido la obra con mínimos detalles pendientes. Es probable que el Ayuntamiento no aplique multas debido a los avances.
El proyecto inició bajo la administración del Ayuntamiento de Mexicali, pasó a la Sidurt y finalmente fue cedido a la Secretaría de Cultura, dirigida por Alma Delia Ábrego, tras conflictos políticos internos.
Se critica que la motivación principal de la obra, según la gobernadora, es para selfies turísticas, reduciendo a la comunidad china a una oferta de servicios. La construcción se realizó en opacidad, ignorando a la ciudadanía y con la participación de empresarios cercanos al gobierno, quienes prometieron revitalizar el Centro Histórico, un objetivo que no se ha cumplido.
El verdadero problema radica en que un gobierno que se proclama cercano a la gente, ignoró a la población, desperdició la oportunidad de crear un símbolo de unidad y generó un desgaste en la imagen gubernamental y de la comunidad china.
La conclusión del proyecto no disipa las dudas sobre su costo, las condiciones de adjudicación, los permisos de construcción y el origen de la idea, que especialistas consideran una ocurrencia sin identidad chino-mexicalense.
Bautizado como “Cochinero” por los mexicalenses, el proyecto se erige sin sentido ni identidad, envuelto en sospechas de corrupción, convirtiéndose en el caso más visible de estas problemáticas en Mexicali.
Se señala a Carlos Torres, Marina del Pilar Ávila Olmeda, Norma Alicia Bustamante, así como a empresarios y funcionarios del gobierno de la 4T como los responsables del proyecto, el cual no representa a los mexicalenses y se impuso unilateralmente.
