LA PAZ, BAJA CALIFORNIA SUR. – El proyecto inmobiliario denominado “Vainilla”, que se pretende desarrollar en Demasías de San Jacinto, en la subdelegación de El Pescadero, ha generado una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) que detalla la transformación de más de 11,000 metros cuadrados en un complejo hotelero y de resort frente al mar.
La edificación proyectada contempla un máximo de cuatro niveles, con una superficie total construida de 5,583.41 metros cuadrados, lo que ocuparía el 50.46 por ciento del predio. El diseño incluye suites destinadas a renta y venta, así como áreas comunes, spa, restaurante, terrazas y una azotea para esparcimiento.
Para la realización del proyecto, es necesario un cambio de uso de suelo en áreas clasificadas como forestales y zonas áridas, un trámite que se sustenta en el artículo 28 de la Ley General del Equilibrio Ecológico. La ejecución se plantea en tres etapas: preparación del sitio con una duración de 5 años, construcción de 10 años, y operación y mantenimiento por 20 años, solicitando una vigencia total de 25 años para el proyecto.
El análisis ambiental de la MIA identifica impactos significativos, especialmente durante la etapa de preparación del sitio, donde se reportan 47 impactos, 27 de ellos adversos. Entre los más relevantes se citan la disminución en la calidad del aire por generación de polvos y ruidos, así como la pérdida de cobertura vegetal forestal, ambos calificados como de impacto moderado. También se prevé el desplazamiento de fauna silvestre y afectaciones parciales al paisaje, calificado como de valor alto en la región.
Durante la fase de construcción, se proyectan 28 impactos adversos, cuatro de ellos moderados, relacionados con la compactación del suelo, la reducción de la naturalidad del paisaje y la alteración del hábitat de fauna protegida. Aunque el documento enfatiza que “ningún impacto adverso llega a ser severo o crítico”, la persistencia y baja reversibilidad de algunos efectos, como la pérdida de suelo, los convierten en impactos residuales.
En la etapa operativa, se estiman 21 impactos adversos, tres de ellos moderados, derivados principalmente del tránsito vehicular y la pérdida de singularidad paisajística. Pese a estas consideraciones, la MIA concluye que el desarrollo del proyecto “no pone en peligro ninguno de los ecosistemas existentes”. Se argumenta que las medidas de mitigación propuestas, tales como reforestación, rescate de flora y fauna, y el uso de biodigestores y paneles solares, asegurarán una ejecución “ordenada y sustentable”.
Adicionalmente, la MIA subraya los beneficios económicos esperados, como la generación de empleos temporales y permanentes, la atracción de turismo y la mejora de la imagen urbana. No obstante, el informe advierte sobre posibles impactos acumulativos, particularmente la pérdida de vegetación y hábitat, que podrían acentuarse con futuros desarrollos en la zona. El documento prevé que “Con la construcción del proyecto se propiciará que a mediano plazo los desarrolladores turísticos inviertan capital en esta zona”.
