Ciudad de México. – A pesar de las reiteradas amenazas del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posibilidad de lanzar ataques militares contra los cárteles del narcotráfico en México, analistas y el gobierno mexicano consideran esta opción como improbable y la ven más como una estrategia electoral. Factores como la estrecha relación económica y la cooperación bilateral actual, junto con la legitimidad democrática del gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum, disuaden tal escenario. Fuentes expertas señalan que México no es comparable a Venezuela u otros países que han estado en la mira de Washington. La principal diferencia radica en la solidez de la democracia mexicana, la interdependencia económica —con 40 millones de mexicanos residiendo en Estados Unidos y México siendo su principal socio comercial— y el nivel de cooperación en materia de seguridad, reconocido incluso por figuras como el entonces secretario de Estado Marco Rubio. La estrategia de Trump, según analistas como David Saucedo, se basa en la utilización de estas amenazas como un “arma de negociación” para obtener concesiones políticas, diplomáticas y comerciales. Se describe una táctica de “policía bueno y policía malo”, donde Trump lanza las amenazas y otros funcionarios buscan destensar la situación. El gobierno mexicano, encabezado por Claudia Sheinbaum, ha minimizado los riesgos de una intervención militar, enfatizando la coordinación y colaboración existente con Estados Unidos. La Presidenta ha rechazado categóricamente la idea de invasión, calificándola de inviable e insistiendo en la defensa de la soberanía y la legalidad internacional. México ha respondido a las peticiones de Washington con un endurecimiento en la lucha contra los cárteles, incluyendo más detenciones, decomisos de droga y extradiciones, así como la aceptación de migrantes deportados. Sin embargo, no se descarta por completo la posibilidad de que las presiones continúen, especialmente ante la próxima revisi
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