Ciudad de México. – Los partidos políticos en México han transitado de ser plataformas con ideologías definidas y proyectos de nación a convertirse en meros aparatos electorales, cuyo principal fin es el control de comicios, candidaturas y presupuestos. Esta transformación, argumenta el análisis, se acentuó tras el fraude electoral de 1988, marcando el inicio de negociaciones y pactos que diluyeron la esencia de las ideologías partidistas en favor de una lógica de mercado impuesta a nivel global.
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