La incertidumbre arancelaria y la desaceleración en EE. UU. afectan al sector, que anticipa un crecimiento conservador para 2026 en medio de renegociaciones y ajustes en la cadena de suministro. El sector de autopartes en México atraviesa su segunda caída consecutiva, reflejando el impacto de un entorno de incertidumbre arancelaria y una demanda estancada en el mercado estadounidense. La dependencia del país de las exportaciones hacia Estados Unidos, que representa aproximadamente el 87% de la producción, hace que cualquier variación en políticas comerciales, precios o volumen de ventas afecte directamente a las plantas mexicanas y sus perspectivas de crecimiento. Aunque a principios de año se proyectaba un crecimiento del 2% en la producción, las expectativas se han revisado a la baja. La Agencia de Información Automotriz (INA) estima ahora que la facturación total rondará los 121,000 millones de dólares, similar a la cifra de 2024, marcando una pausa en la recuperación. La volatilidad política provocada por las decisiones sobre aranceles y la incertidumbre en la política industrial estadounidense han generado retrasos en inversiones y en la expansión de capacidades productivas. Además, la desaceleración en la venta de autos en Estados Unidos —que cerró con una reducción del 1.3% en ventas del último año— ha reducido los pedidos y provocado ajustes en los inventarios y calendarios de producción. Esto se traduce en renegociaciones en precios y retrasos en nuevos desarrollos tecnológicos de piezas, afectando principalmente componentes eléctricos y de transmisión, que representan más de la mitad de la producción nacional. Este panorama evidencia cómo las tensiones políticas y económicas en la región redefinen las estrategias de una industria que, durante décadas, ha sido un pilar en la economía mexicana. La necesidad de adaptarse a un escenario cambiante se vuelve prioritaria para las empresas del sector, que enfrentan un futuro incierto en medio de un contexto global
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