La estrategia de subsidiar teléfonos y promover el prepago convirtió a Telcel en líder del mercado móvil mexicano y aumentó la fortuna de Carlos Slim.
Durante la década de 1990, Carlos Slim implementó una estrategia innovadora que transformó el panorama de las telecomunicaciones en México. Inspirado en un modelo empresarial estadounidense, el Plan Gillette consistió en subsidiar los teléfonos celulares para hacerlos accesibles a un amplio segmento de la población, principalmente mediante la venta de dispositivos a bajos costos. La clave fue incentivar el uso de tarjetas prepagadas, lo que garantizó ingresos recurrentes y fomentó la masificación de la telefonía móvil en el país.
En aquellos años, el mercado mexicano se encontraba en sus primeras etapas de desarrollo, con pocas líneas activas y un alto costo de entrada para los usuarios. La innovación de Slim, que implicaba también el desarrollo tecnológico desde cero, hizo posible que en solo unos años, Telcel pasara de unos pocos miles de clientes a más de 80 millones en la actualidad. La separación estratégica de Telcel de Telmex también fue fundamental para evitar interferencias y promover la competencia interna, consolidando así su liderazgo.
El éxito de esta estrategia no solo radica en cifras; también refleja una adaptación inteligente a un contexto económico complejo. La masificación del uso del teléfono móvil en México no solo redefinió la comunicación, sino que también incrementó significativamente la riqueza de Slim, consolidándolo como uno de los empresarios más influyentes del país.
En el contexto actual, más del 80% de las líneas móviles en México son de prepago, evidencia del legado duradero de aquel enfoque. La historia del Plan Gillette demuestra que comprender las necesidades del mercado y ofrecer soluciones innovadoras puede transformar industrias y crear oportunidades de crecimiento sostenido.
