Ciudad de México, México. – La reciente especulación sobre el retiro de Estados Unidos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha desencadenado preocupación en los mercados. El presidente Donald Trump ha mencionado privadamente esta posibilidad, revelada por el funcionario Jamieson Greer.
La falta de una decisión oficial alimenta la tensión entre inversionistas y gobiernos. El T-MEC regula cerca de 2 billones de dólares en comercio entre las potencias de América del Norte, lo que hace que cualquier cambio en su estatus tenga repercusiones significativas.
Trump cuestiona el tratado firmado en 2019, buscando concesiones comerciales. Su administración considera necesario revisar las reglas actuales, enfocándose en el sector automotriz y las protecciones laborales, lo que podría complicar la situación para México.
Si se lleva a cabo el retiro, una gran parte de las exportaciones mexicanas enfrentaría aranceles más altos, afectando industrias clave. Por ejemplo, el sector automotriz, que depende de la integración entre países, podría ver un aumento en los costos, disminuyendo su competitividad frente a mercados como el chino.
Las repercusiones no se limitarían al automóvil, ya que el sector agrícola también sentiría el impacto. Productos como aguacates y tomates podrían perder terreno en el consumidor estadounidense ante precios más altos por nuevos aranceles, lo que afectaría la demanda.
En caso de que Estados Unidos decida abandonar el T-MEC, la incertidumbre podría frenar la inversión extranjera directa y llevar a una reubicación de plantas en México. El impacto económico total podría ser severo para ambas naciones, debido a su interdependencia comercial.
A pesar de estas tensiones, el T-MEC sigue en vigor y la revisión obligatoria programada antes del 1 de julio determinará su futuro. Si no se llega a un consenso, se activarían revisiones anuales hasta 2036, lo que podría cambiar la dinámica comercial en América del Norte.

