Cada año, México recibe cerca de 65 mil millones de dólares en remesas, lo que representa el 3.7% de su PIB. Sin embargo, esta suma se maneja a través de una infraestructura financiera obsoleta, que data de los años noventa, lo que revela un desajuste significativo en el sistema financiero.
En la actualidad, convergen tres elementos cruciales: la tecnología blockchain, la inteligencia artificial y un entorno regulatorio en transformación. Estos factores crean un marco donde el cumplimiento normativo se integra al mismo tiempo que se realiza una transacción. Así, el papel del regulador ha cambiado; ya no se limita a auditar documentos, sino que establece protocolos en tiempo real. Empresas como BlackRock y Franklin Templeton ya están empleando fondos con instrumentos digitales, lo que indica una adopción generalizada de estas tecnologías.
Es fundamental comprender que los tokens no son los activos en sí, sino representaciones digitales de derechos sobre ellos. Esta aclaración es esencial, ya que la verdadera naturaleza del instrumento no cambia con su modo de representación, ya sea en papel o digital. En este nuevo esquema, la atención se centra en el activo subyacente y en el comportamiento de quienes lo operan.
Datos clave
- Monto de remesas: 65 mil millones de dólares anuales.
- Ley Fintech: Implementada en 2018, pionera en América Latina.
- Uso de aplicaciones bancarias móviles: Aumento del 54.3% (2021) al 69.1% (2024).
- Déficit de crédito para pequeñas empresas: supera los 90 mil millones de dólares.
- Competitividad en pagos: Brasil desarrolló su sistema de pagos instantáneos en menos de dos años.
A pesar de estos avances, el país aún se enfrenta a retos importantes. Las disposiciones secundarias necesarias para activar plenamente el open finance han sido objeto de retrasos significativos. A pesar de contar con un ecosistema digital fuerte, como lo muestra el uso creciente de aplicaciones bancarias móviles, México no ha logrado implementar la rapidez que se observa en naciones como Brasil, que rápidamente mejoró su capacidad de procesar operaciones financieras.
¿Qué necesita México para avanzar en su sistema financiero?
La falta de velocidad en la regulación y la fantasía de que las tecnologías se implementen solas son algunos de los obstáculos. La disposición de las autoridades para crear un entorno favorable a la innovación es clave. El país podría adoptar un papel proactivo en definir las reglas del juego, en lugar de ser un mero espectador del avance tecnológico internacional.
¿Cómo afecta esto a la economía real?
La transición hacia un sistema de capital programable puede significar la diferencia entre la opacidad y la transparencia en las transacciones económicas. Implementar protocolos que faciliten el acceso a crédito para pequeñas empresas puede catalizar un crecimiento sustancial, permitiendo que fluyan recursos de manera más efectiva.
La próxima etapa en el ámbito financiero dependerá no solo de la acumulación de capital, sino de la capacidad para programar su movimiento y distribución. México tiene la oportunidad de ser pionero en la creación de un entorno regulatorio que propicie la innovación y el crecimiento económico.
Con información de eluniversal.com.mx

